Por Atilio Borón
Hace
unos minutos se acaba de consumar la farsa: el presidente del Paraguay
Fernando Lugo fue destituido de su cargo en un juicio sumarísimo en
donde el Senado más corrupto de las Américas -¡y eso es mucho decir!- lo
halló culpable de “mal desempeño” de sus funciones debido a las muertes ocurridas en el desalojo de una finca en Curuguaty.
Es difícil saber lo que puede ocurrir de aquí en más. Lo cierto es que, como lo dice el artículo de Idilio Méndez que acompaña esta nota,
la matanza de Curuguaty fue una trampa montada por una derecha que
desde que Lugo asumiera el poder estaba esperando el momento propicio
para acabar con un régimen que pese a no haber afectado a sus intereses
abría un espacio para la protesta social y la organización popular
incompatible con su dominación de clase.
Pese a las múltiples advertencias de
numerosos aliados dentro y fuera de Paraguay, Lugo no se abocó a la
tarea de consolidar la multitudinaria pero heterogénea fuerza social que
con gran entusiasmo lo elevó a la presidencia en Agosto del 2008.










