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sábado, marzo 08, 2014

El mayor regalo en el Día Internacional de la Mujer

Fernando González regresó para repartir felicidad


Por Sergio Rivero Carrasco
Foto: Estudios Revolución

"Esta mujer cubana, tan bella, tan heroica,
tan abnegada, flor para amar, estrella para
mirar, coraza para resistir".
 
J. Martí

Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no será igual para Magalys y Rosa Aurora, la madre y esposa del antiterrorista cubano Fernando González Lort, que después de cumplir más de 15 años de injusta condena en cárceles norteamericanas, regresa a su tierra donde le espera su pueblo, pero en especial su mamá y su consagrada esposa que a decir de Gerardo, otro de sus Cinco hermanos encarcelados, "se quedó con el vestido preparado para la boda."

La boda puede ser cualquier día, pero la fidelidad de esa novia eterna, del amor infinito que se profesan, no tuvo distancias ni fronteras, se alimentó cada en cada momento con la savia del espíritu, de los momentos felices, de la añoranza, la tristeza y la alegría, de la estirpe y la constancia de  lo que estas familias han esperado para sentir el placer de estar juntos.

jueves, agosto 23, 2012

Recordando a Vilma en el aniversario de la FMC: “Raúl dice que lo embrujé cantando”

Vilma y Raúl en Palma Soriano, fines de diciembre de 1958.
Vilma y Raúl en Palma Soriano, a fines de diciembre de 1958.

Por Nirma Acosta
Tomado de Cubadebate

Era el año 1952. La Universidad de Oriente vivía el ajetreo de costumbre. El aula de cuarto año de Ingeniería recibía clases de Mecánica. De un golpe la puerta se abrió y apareció un bedel ansioso por contar cuanto sabía. La noticia irrumpió las calles y las casas de todo el país.  La radio ya estaba informando: 

“Batista tomó el poder”. Ella quedó atónita de rabia y sintió una chispa encendérsele dentro. El profesor de turno tenía un hermano con aspiraciones a un puesto en las elecciones de 1952 y en respuesta al comentario del hombre, dio un puñetazo en la mesa y aseguró: “Aquí no queda otro camino: alzarse”. Entonces, era solo Vilma Espín, tenía 21 años y estaba entre las pocas muchachas que en aquella época optaban por una carrera casi privativa de hombres: la Ingeniería Química Industrial. Delgada, de elegantes maneras; suave y tierna, pero con una firmeza y madurez que le distinguían. Recuerda que a pesar de la arenga oportunista del académico, no cabía duda de que había llegado el momento. ¿Cómo decírselo a los padres? ¿Por dónde empezar?

“Nos quedamos en la Universidad que se mantuvo todo el día rodeada por los soldados. No podíamos hacer mucho, pero era la forma de oponernos al golpe militar del 10 de marzo. Recuerdo que utilizamos un poema de Heredia que decía: Que si un pueblo su dura cadena/ No se atreve a romper con sus manos/ Bien le es fácil mudar de tiranos/ Pero nunca ser libre podrá. Hasta pusimos un tocadiscos con la grabación del poema de Guillén: no sé por qué piensas tú, soldado que te odio yo. Luego salimos a las calles a repartir volantes. Fueron detenidas algunas compañeras, pero gracias a la intervención de uno de los profesores se evitaron males peores.”