jueves, diciembre 20, 2012

La herencia maya, más allá de su calendario

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El calendario más preciso y conceptualmente más rico que se haya elaborado en el mundo es el maya, sin embargo, es solo uno de los tantos aportes que esa milenaria cultura americana ha hecho a la humanidad, según los expertos.

Ese calendario, de 18 meses de 20 días, más el Wayeb, de cinco días sagrados, marca el próximo solsticio -21 de diciembre en el occidental- el fin de la ‘cuenta larga’ (era de 5.200 años), motivo de celebraciones con rituales ancestrales, aunque también de vaticinios apocalípticos.
 
“El calendario maya no es simplemente una cuestión de contar segundos, minutos y horas”, sino un modelo de “cómo se mueven los astros y de cómo esto influye de manera cíclica en la vida humana”, dijo el antropólogo guatemalteco Álvaro Pop, miembro del Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas.

Mediante la observación y el estudio del cielo, los mayas desarrollaron el concepto de que “no hay nada que no esté influenciado por los astros, desde las mareas hasta el nacimiento de los niños y las niñas”, afirmó.

La antropóloga costarricense Ana Cecilia Arias coincide con Pop en subrayar el impresionante desarrollo del conocimiento astronómico de los mayas. “Desde tiempos muy tempranos, desde antes de Cristo, los mayas van logrando un desarrollo sociocultural tan enorme que pudieron manejar ciertos cálculos matemáticos para determinar la órbita de Venus”, explicó Arias.

La astronomía también les sirvió para tener un conocimiento más preciso de la influencia de los astros sobre la vida de las plantas, lo que a su vez les permitió mejorar sus conocimientos agronómicos.

Más allá de esto, los mayas hicieron aportaciones muy significativos a la arquitectura, las matemáticas, la topografía, el arte textil o la cocina que se han proyectado a través de los siglos hasta la actual cultura mesoamericana, que abarca parte de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

Hombres de maíz

El arte culinario de Mesoamérica, caracterizado por la presencia medular del maíz, también hunde sus raíces en la cultura de los mayas, que domesticaron esta planta hace 3.000 años y la convirtieron en uno de los ejes centrales de su vida.

Fueron además los primeros en cultivar el cacao, ese seductor producto que hoy deleita paladares en el mundo entero y hay indicios de que podrían ser los culpables del hábito de mascar chicle, goma obtenida a partir de la savia de una planta, conocida científicamente como Manilkara zapota, originaria de México y Centroamérica.

El manejo del diseño y el color en los tejidos indígenas guatemaltecos, admirados en el mundo, son expresiones inconfundibles de esa cultura. “Sobre todo el color de esos tejidos constituye la expresión de vida más explosiva y bella que se pueda encontrar en el continente y el mundo”, asegura Pop.

En otros ámbitos, los mayas hablaron 36 lenguas en toda Mesoamérica, muchas de las cuales se conservan vivas, con una estructura gramatical muy desarrollada y expresiones literarias propias.

El Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, es una de esas importantes herencias literarias, donde se refleja con claridad la cosmovisión y la espiritualidad de este pueblo.

Como han hecho las grandes culturas de la humanidad, los mayas desarrollaron una escritura que hemos podido descifrar y a través de la cual conocemos su historia, inscrita en las llamadas ‘estelas’, unos monumentos de piedra tallada que guardan el registro de grandes acontecimientos.

Algo más que ruinas

La cultura maya tuvo su mayor esplendor en el llamado período clásico (250-900 d.C.) hasta que entró en una etapa de decadencia en el período postclásico que se prolongó hasta tres siglos antes de la llegada de los españoles a la región.

Es indiscutible que muchos de los grandes monumentos arquitectónicos de la región, como las iglesias coloniales, están impregnadas del mismo conocimiento de la física y la ingeniería que hicieron posibles las grandes pirámides construidas por los mayas, pues muchos de los constructores eran indígenas herederos de tales conocimientos, aseguró Arias.

De la época de gloria de la civilización maya quedan en la actualidad los vestigios de grandes ciudades como Chichén Itzá, en México; Tikal, en Guatemala; Copan, en Honduras; y Tazumal, en El Salvador, que constituyen las mecas del turismo arqueológico regional.
Pero sobre todo, queda una numerosa población que, además de conservar la herencia genética de sus antepasados, sigue guardando mucho de la tradición cultural, en contextos muy adversos, de sociedades que menosprecian su propio pasado.

Hoy subyugada, discriminada, arrinconada en la miseria y despreciada en su valor, la cultura maya continúa, sin embargo, haciendo una aportación valiosísima a la sociedad mesoamericana y universal, asegura Pop: “Y es la enseñanza de que la paz es la mejor forma de convivencia humana”.

Esta actitud pacífica y de respeto a la naturaleza es esencial -afirma el antropólogo- a la espiritualidad de los mayas, que no se compara con la de ninguna otra cultura prehispánica de América.

(Con información de AFP)

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