jueves, septiembre 10, 2015

¿Qué hubo entre piratas y pineros?


Por Roberto Únger Pérez
Historiador dela Isla de la Juventud


La piratería, el corso, el contrabando y la bucanería, así como la trata de esclavos fueron factores de importancia en el proceso de poblamiento de Isla de Pinos, amén de la mercedación, que aquí tuvo carácter excepcional, pues no tenía problemas de límites con otras propiedades e hizo de la ínsula un gran latifundio ganadero.
 
Los pineros tenían falta de una armonía de intereses económicos con el Rey, así como con las autoridades de La Habana, porque cuando en ocasiones solicitaban ayuda a las fuerzas exploradoras navales, ante el inminente peligro por la presencia de filibusteros, se les negaba y abandonaban a su suerte. Por otra parte, a las autoridades españolas solo les interesaban los impuestos del Rey en relación con el desarrollo ganadero, así sucedió con los esfuerzos industriosos en la producción de brea y alquitrán de la resina del pino, que solo interesaba en época de guerra.
 
La escasa población pinero-española, a falta de apoyo, no tuvo otra opción que participar del contrabando de carnes, cueros y madera que poseían en abundancia y se extendió del siglo XVI al XVIII.

Las relaciones entre filibusteros y pineros las mediatizaron la brutalidad de los primeros, a tal extremo que un hombre de Rock el Brasiliano “…usó de enormes crueldades con los españoles, de los cuales hizo asar en asadores de palos a algunos, y esto, no por delito que porque tal cual vez no querían mostrarles los lugares o corrales, donde podían hurtar ganado de cerda”.

La otra vía de acercamiento fue de mutuo acuerdo, pues las mercaderías alcanzaban altos precios en los mercados de Batabanó y los pineros escasamente las podían adquirir, mientras que la presencia de las dotaciones navales españolas para la defensa del puerto de La Habana y la exploración al sur de esta, eran un peligro para los hermanos del mar a quienes convenía entonces tener un mercado seguro en de Pinos, para mercaderías tales como esclavos africanos, paños, licores.

Hay documentos españoles como el ya mencionado informe, en un artículo anterior, del escribano de La Yaguana, Jerónimo de Torres, del siglo XVI (año 1577) donde refiere al Rey que tanto los súbditos españoles ricos y pobres mantenían contrabando en dicha ínsula.
El pirata holandés John Exquemeling, de finales del siglo XVII (1688), refiere durante su paso por Isla de Pinos, y cita Antonio Núñez Jiménez, que: “…comimos abundantemente, sin tener temor de algún enemigo, porque los españoles y nosotros estábamos allí en buena amistad”.

Existía también la práctica de determinados filibusteros, de asaltar los territorios para robar ganado y otras riquezas e incluso llevarse a hombres y mujeres como esclavos y también a la isla de Tortuga, por lo que la escasa población organizó la defensa. La concentración de la población hacia la parte central es evidencia de ello, y Santa Fe fue el centro aglutinador.
Aunque en 1822 ya había pasado la piratería clásica, las relaciones entre el pirata Pepe el Mallorquín y pobladores de Santa Fe, son ejemplo de lo hecho por ese conglomerado para sobrevivir en la violencia y abandono.

La buena amistad y vecindad estuvo condicionada a necesidades económicas, defensa, crueldad del filibustero y capacidad de algunos dueños absentistas con aventureros y españoles.

(*) Colaborador, historiador de la ciudad y profesor de la Universidad Jesús Montané Oropesa

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