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domingo, agosto 30, 2009

RENACIDA

  • A un año de los embates del huracán Gustav, la Isla de la Juventud se muestra hermosa, cual jovencita renacida de las ruinas, inconforme siempre y orgullosa de enseñar sus más preciadas joyas: el pueblo, su historia y la naturaleza.

Este 30 de agosto se cumple un año de que la madre natura se ensañó con esta ínsula cubana. Era como una gran nube de agua salada, impulsada por fortísimos remolinos y vientos que superaron los 250 kilómetros por hora, los que a ras de tierra y elevados hasta el infinito, arrancaron muchos árboles a las entrañas de la tierra, voltearon infinitas paredes, armazones de acero, hicieron volar miles de techos y a otros, sin importarles el duro material hecho de cabillas y concreto, los torcieron como si fueran latas de sardina.

¡Increíble lo que vieron nuestros ojos! La patana Enif se escapó del mar y fue a parar a la ciudad, mientras decenas de embarcaciones descansaron por unos días sobre la tierra; una camioneta trepó un poste de la luz frente al hospital y lo abrazó en sus alturas; también hubo sillas que se encajaron en puertas y paredes, palmas que descansaron sobre armaduras de techos. Pero un Fidel sobrevivió los embates quedando firme en un cartel que desgajó el resto.

El río se hizo dueño de las calles y hasta las segundas plantas llegó su nivel. La floresta quemada y destrozada con la fuerte combinación de agua, sal y viento cubrió de luto su follajes. El destrozo y la desolación pululaban por doquier. Era como si se hubiera acabado la vida…

La respuesta del país no se hizo esperar. Decenas de cargueros y trasbordadores llegaron hasta aquí con hombres, productos, materiales, equipos y cargas. La solidaridad creció hasta el infinito y como un solo corazón, en toda Cuba latió el despertar.

Los pineros tienen como una ética que les viene de antaño, sobreponerse a los embates de la naturaleza y, antes del amanecer, junto a muchas lágrimas por lo perdido fue creciendo, el optimismo, sobrevino el trabajo y la confianza en que sí podíamos recuperarnos y emprendimos la carrera que aún continúa y no parará hasta que no hayamos empinado todo cuánto cayó y lo elevemos mucho más de lo que estaban.

La Cultura es el alma de la nación, sentenció Fidel, y también lo fue de los pineros. La primera conga callejera, símbolo de cubana y tradiciones, las brigadas artísticas del patio y foráneas empezaron a levantar el espíritu y a transformar los duros rostros en sonrisas que zurcieron las heridas.

Una meta nos puso el Presidente cubano Raúl Castro Ruz en su visita aquí recién despertados del embelezo:”La Isla se pondrá como antes y más bonita”, sentenció.

Y así ha sido.

Los más de 1 000 postes eléctricos y los 400 de teléfonos caídos, al asomo de diciembre estaban espigados y se amplían los servicios, se concluye otra planta más económica que genera con fuel oil y comienza el soterrado de las redes. Nuevas plantaciones reverdecen los campos y los frutos poco a poco se hicieron realidad en la mesa diaria; ahora se amplía con un programa que se detuvo por unos meses, pero de inmediato también siguió creciendo para lograr que la agricultura, la industria alimenticia y las ganaderías continuaran su fomento con amplias perspectivas de desarrollo.

Como hormigas fueron asaltados los campos; en las cuadras y centros laborales familiares y amigos siguen ayudando a levantar las moradas que reciben el impulso con los techos techos rígidos de Poliestireno Expandido, crecen las Petrocasas como alternativa más rápida y confortable a la par de cinco centros educacionales que se transforman en más de 300 viviendas. Otros, menos del 50 por ciento, aún esperan porque los anhelados materiales toquen a sus puertas para enmendar sus averías.

Nuevos proyectos hoy ocupan a los habitantes de este terruño salido de los cuentos y leyendas, protagonista de historias piratescas y de mucho heroísmo multiplicado por la historia que se escribe día a día.

Hoy, cuando han pasado 365 días de aquel Golpe Nuclear, como lo calificó Fidel en una importante Reflexión que publicó por esos días, al hacer el recuento, parece increíble que todavía se humedezcan los ojos y a la par lata el corazón de orgullo por la respuesta dada por los más de 86 000 pineros ante ese fenómeno. Ha sido sorprendente que esta especie de holocausto no nos haya cobrado ni una sola vida humana.

¡Aquí estamos! Ya el Gustav, que ha pasado a la historia como uno de los huracanes sin paralelo, es solo eso, una historia, un pretexto para erguirnos y para que esta Isla renacida, siga creciendo por el trabajo creador y el sudor de sus hijos.

jueves, noviembre 20, 2008

Redacción en apuros y multiplicada

Por mucho que quiera usted imaginar lo que sucedió en un pequeño local que servía de improvisada redacción a un grupo de periodistas durante el paso del huracán Gustav por la Isla de la Juventud, le costará trabajo acercarse a la realidad.

Habíamos preparado todo, incuso algunos trabajos ya recorrían el ciberespacio en la Web del periódico Victoria o en otras que ponían lo enviado por la corresponsal de la AIN o los periódicos Granma y Juventud Rebelde. Ya es costumbre reunirnos las mismas personas en ese lugar durante el paso de eventos meteorológicos; es muy seguro y nunca había tenido contratiempos.

Bien entrado el mediodía del sábado 30 de agosto, llegaban los periodistas de un recorrido por algunos centros que servían de albergue a los evacuados. Estaban mojados y aún el almuerzo no había asomado. Era mucho el ajetreo, incluso, el nuestro, porque queríamos llevar hasta el último detalle a los lectores de todo el mundo porque estábamos seguros de que tratarían de acceder al Victoria para conocer qué sucedía aquí con el paso del Gustav.

El ya deteriorado tiempo se fue poniendo tenebroso, los vientos comenzaron a soplar con fuerza inusitada; un ambiente nebuloso se percibía en el exterior, era una nube cerrada la que teníamos delante que no dejaba ver a poco más de un metro de distancia. La lluvia salada y horizontal cada vez más fuerte y el viento desafiante volaba los techos, arrancaba árboles centenarios, tumbaba las palmas de ese sitio insigne ubicado a la entrada de Nueva Gerona, la ciudad capital, porque a pesar de su fuerza la palma no se doblega, hay que tumbarla.

De un momento a otro pararon los vientos, se detuvo la pertinaz lluvia y salió para todos el Astro Rey. Era el ojo del Gustav, que acumulaba fuerzas y preparaba condiciones para la arremetida. Fue el momento preciso en que la vida no tenía valor, solo lo que podríamos dejar para la historia de lo que estaba sucediendo. Nos volcamos a la calle, se tomaron imágenes increíbles, ayudamos al salvamento de familias que sus viviendas quedaron casi tapadas por las aguas del mar que al penetrar, avalancha al río Las Casas hasta 300 metros fuera de sus márgenes hacia ambos lados.

Esos 27 minutos pasaron muy rápido. Como hormigas regresamos a la guarida para protegernos. Llegó el almuerzo, todo era muy apresurado y simultáneo. El ruido insoportable del viento doblegaba los oídos, aceleraba el ritmo cardíaco, nos contábamos para cerciorarnos de que nadie quedaba afuera….. De pronto, una explosión en la planta alta nos indicaba que los grandes ventanales de cristal del Salón se desplomaron y todo volaba, hasta las sillas y las mesas, los equipos de audio, cortinas, teléfonos, equipos, ¡Increíble! ¡Ver para creer!

Después de salvar lo que pudimos bajamos y, de pronto, otra explosión sobre nuestras cabezas. La baja presión atmosférica hizo reventar el falso techo que cayó sobre nuestras cabezas y computadoras, la puerta exterior fue violada por los fuertes vientos, la interior se cerró en el mismo momento, exactamente cuando una compañera se disponía a salir y su golpazo le oprimió su dedo meñique de la mano derecha y lo hizo reventar por el que lanzó un grito de terror que paralizó a todos. ¡Cuántas cosas!

Agrupaditos como los pollitos debajo de la gallina, pero esta vez en un pequeño pasillo que parecía el lugar más seguro, estuvimos por más de 40 minutos hasta que muy cerca de las seis, salimos de nuevo a la calle, desafiando el dolor por el dantesco paisaje que teníamos delante.

Como bien dijo Fidel Castro en su reflexión, la Isla recibió un Golpe Nuclear. Esta redacción de mi periódico que ya estgaba en apuros, tuvo que apurarse mucho más, multiplicarse y de un día para otro pasar de semanario a diario. Crecerse, quererse cada vez más, poner alma, corazón y vida para que cada pinero se informara de lo que había acontecido. No hubo electricidad, pero sí algunos teléfonos pudieron servir para hacer el cuento. La radio y la televisión colapsaron.

Nos tocó, una vez más dimensionar al Victoria, la obra mayor por la que esa redacción, después de 90 días de estar en campaña, continúa haciendo historia en cada una de sus páginas y en el ciberespacio, se mantiene en apuros y con el amor y el optimismo del primer día.