viernes, agosto 10, 2012

De presidentes y pretorianos

Por Mumia Abu-Jamal
Tomado de Cubadebate

Con más temor que esperanza, la nación norteamericana camina hacia la elección presidencial. El pueblo apoya más la personalidad del candidato, que su programa.

Los norteamericanos votarán por las imágenes fabricadas por una campaña de anuncios multi-billonarios, y tambien por el emperador temporal de una vasta maquinaria militar.

Nos enseñan que ese político es la figura más poderosa del Sistema y que, por un tiempo, él (o ella), maneja esta estructura.

Pero, después de reflexionar, descubrimos que éso no es más que otra imagen, una ilusión de poder, como la ilusión de un tanque lleno de dulces de algodón.


L. Fletcher Prouty, coronel retirado de la fuerza aérea norteamericana, que fue jefe de operaciones especiales del Personal de la Junta de Jefes, ha escrito una emocionante historia de la Presidencia de Kennedy y del increíble nivel al que los militares y  las agencias de espionaje llegaban para ignorar o boicotear sus órdenes.

En su libro, JFK: La CIA, Vietnam y la Conspiración para Asesinar a John F. Kennedy, (JFK: The CIA, Vietnam and the Plot to Assassinate John F. Kennedy), del 2011, Prouty centra su análisis en el Memorandum Acción de Seguridad Nacional # 263, de Kennedy, (NSAM # 263, del 11 de octubre de 1963), documento que por décadas fue escondido, distorsionado y falsificado. El Coronel Prouty sostiene que el NSAM # 263 fue una orden del poder ejecutivo para que 1,000 tropas del ejército norteamericano fueran retiradas de Vietnam para la navidad de 1963, y que todas las fuerzas militares de Estados Unidos salieran de Vietnam para 1965.

Según Prouty, Kennedy estaba resuelto a terminar la acción militar de los Estados Unidos en Vietnam - algo que lo convirtió en enemigo de las fuerzas que su predecesor, el Presidente Dwight Eisenhower, llamó, “el complejo militar-industrial-.”

En el Imperio Romano, el Emperador era la personificación del Estado, y su poder se expandía a lo largo y ancho de su dominio. Pero era un pequeño secreto sucio que el emperador reinaba al placer de la guardia del palacio, la Guardia Pretoriana, que, en un pestañear de ojos, terminaba reyes, e imponía substitutos –generalmente militares– para que ocupen el trono de Roma.

Eso se hizo común en los últimos días del imperio Romano, cuando todo se vino abajo.
Kennedy amenazó con quebrar la CIA, “en mil pedazos”. Pero no vivió para cumplir con su amenaza.

Ésa es, por lo menos, la visión de Prouty, y como él estuvo en las decisiones de alto nivel del gobierno y de los militares, es alguien digno de tener presente.

Él nos ofrece una visión no meramente de un asesinato, sino de un golpe en el palacio.
La Roma de hoy, sobre el río Potomac.

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