sábado, agosto 02, 2014

Una Isla "condenada" a ser eternamente joven



 

Por Sergio Rivero Carrasco
Fotos de Archivo
 
No todas las condenas son motivadas por una sanción, puede ser también una obstinación, un compromiso, una suerte de lucha por renovar lo existente para hacer valer lo bueno y perdurable. Ese es el caso de esta ínsula, que por varios años  fue asaltada por jóvenes de toda Cuba que llegaron hasta aquí llenos de entusiasmo y deseos de hacer, de recuperarla de los destrozos provocados a mediados de junio de 1966 por el huracán Alma bajo la consigna de “A recuperar lo perdido y a avanzar mucho más”.

Así comenzó la transformación y las tierras se llenaron de sembradíos, floreció la ganadería, crecían viviendas, edificaciones y escuelas. Ya en agosto del siguiente año se iniciaba la Revolución Hidráulica y comenzaron a aparecer los espejos de agua por toda la geografía, guardando ese preciado recurso para el consumo humano y de las grandes inversiones que se desarrollaban sobre todo en la agricultura, la ganadería y después la Industria, la salud, la educación.

Acto de Proclamación de la Isla de la Juventud en
la escalinata del otrora Presidio Modelo
Un día caluroso, en medio de tanto hacer, la sorpresa de la visita de Fidel para inaugurar la presa Viet Nam Heroico incentivó la alegría, la pasión, el compromiso y el pedido de llamar a esta joya de la geografía cubana Isla de la Juventud, como reconocimiento a los miles de jóvenes que en ella habían encontrado el placer de transformarla, de construirla… Y como siempre, el Comandante en Jefe tuvo las palabras precisas… Entendemos que será un trabajo fundamentalmente de nuestra juventud.  Y por eso nuestra juventud, más que una isla suya, tiene delante la posibilidad de hacer suya esta isla.  Y si nuestros jóvenes están en esa actitud, podemos provisionalmente llamarla “Isla de la Juventud”; pero Isla de la Juventud con un gran contenido ideológico, con un gran contenido técnico, con un gran contenido social, y en prueba de la confianza que realmente tenemos de que nuestros jóvenes serán acreedores al derecho —ya no provisional sino definitivo— de llamar a esta región de nuestro país Isla de la Juventud”.

Jóvenes de Toda Cuba vinieron a
reconstruir y desarrollar la Isla
Y fue entonces el 30 de junio de 1978 que la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó que en ocasión de celebrarse en Cuba el XI Festival de la Juventud y los Estudiantes, se le otorgara a la Isla de Pinos, el honroso nombre de Isla de la Juventud el 2 de agosto de ese año. Los bisoños que un día vistieron de grande y emprendieron proa al futuro, fueron los crecidos artífices de una de las obras más hermosas realizadas por la Revolución, que abrazó también a más de 36 000 jóvenes procedentes de África, Asia y Latinoamérica en un proyecto educacional sin precedente en el mundo.

A la par del sacrificio, en el fragor del batallar diario, también creció el amor. Ese amor sin fronteras que se desata y echa a andar a la par de las realizaciones. Jóvenes que nunca habían cruzado una mirada, aquí encontraron el atractivo y el placer de sus vidas. De sus uniones crecieron nuevas generaciones orgullosas de sus progenitores y de sus abuelos, bisabuelos y hoy, casi después de tres o cuatro generaciones, quedan impactados por tanto derroche de pasión y de estoicismo.

A 36 años de ese acontecimiento, los que hoy tienen el honor de continuar la obra, se mantienen empecinados en condenar a esta Isla a que continúe siendo eternamente de la JUVENTUD.
Multitudinaria concentración del pueblo  para celebrar 
el 26 de Julio en 1994, donde fue pronunciada la histórica
frase de Raúl "¡Sí, se puede!"

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