domingo, mayo 19, 2019

El Martí que avizoró su muerte


Por Sergio I. Rivero Carrasco
Imágenes: Muerte de Martí, de Carlos Enríquez


“Cuando se muere en brazos de la Patria agradecida
la prisión se rompe y empieza al fin,
con el morir, la vida”

José Martí


Durante muchos años y en nuestros propios estudios del epistolario martiano, hemos podido comprobar la amplia capacidad de Martí para avizorar el futuro, para llegar hasta ¿allí? Y regresar a su momento; ese mismo poder, si se puede llamar así, lo tenía Fidel como alumno ilustrísimo de Marti.


Un día como hoy, 19 de mayo, fecha en que se cumplen 124 años de la muerte de nuestro Martí en Dos Ríos, ese lugar que significó un calvario, en el que unido a su ya resquebrajada salud  con afecciones en el corazón, los pulmones, el hígado, el estómago, que le producían mareos, desmayos, terribles dolores y fiebre de manera constante, se une el hecho de los tres tiros recibidos en pleno combate, a pleno sol, así como siempre quiso morir porque él les bueno y como bueno, murió de cara al sol, tal como predijo ese deceso que significó el inicio de otra vida superior, marcada por la valía de sus ideas, el ejemplo, las doctrinas, el futuro…


Muchos de sus estudiosos han hurgado hasta el tuétano en los escritos y cartas, sobre todo las más cercanas a esta fecha, porque progresivamente nos va dando muestras de que avizoraba su muerte y para por ello, alerta, precisa, se despide… ¡Vive!


Una pincelada que ejemplifica  lo expresado es su alarmante manera anticipada de captar la realidad, en la que se hace en él conciencia  y voluntad; por eso nos anuncia que "adivinar es un deber de los que pretenden dirigir", es una afirmación suya de las muchas en esta dirección, por las exigencias del momento, las propias urgencias independentistas, sintetizadas en una magnitud fuera de toda comparación hasta entonces.


Es oportuno mencionar que la escena final de su vida ese 19 de mayo no ocurrió como un episodio fortuito, fruto de un desenlace inesperado. Fue más bien, el resultado del camino andado previamente, significó una anticipación de la muerte misma. En las propias palabras de Martí vemos como en los primeros meses de 1895, la posibilidad de no regresar con vida, era asumida en un tono apasionado por el propio Apóstol.

Fascimil carta de Martí a su Madre
Ya la guerra está casi lista, y entre detalles y detalles, él no pierde tiempo. Después de febrero 24, comienza una rica obra epistolar que algunos estudiosos la han considerado como “intentos de dejar un testamento”. Por ejemplo, en el 25 de marzo de 1895, Martí tiene una meteórica noche donde redactó dos importantes mensajes, empezando por el sobresaliente Manifiesto de Montecristi, y además dejó espacio en la noche para escribirle a personas muy importantes en su vida, con un tono de despedida. La primera de las misivas va dirigida a su madre, Doña Leonor Pérez. La última vez que se vieron fue en 1887, por lo cual Martí comienza declarando “Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd.”  Nótese en todo momento el intento de dejar claro para la posteridad que Martí tenía presente a la autora de sus días aun en los momentos más arduos y difíciles. Pero además de eso, declara Martí que se encuentra en “vísperas de un largo viaje”, lo cual se trataba del viaje desde Montecristi hasta las cosas de Cuba. ¿Él trataría de decirle que no la vería más?

Federico Enríquez y Carvajal
Ese día escribe además dos cartas; una dirigida a su hija amantísima María Mantilla en la que inicia: “Salgo de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo”. Vuelve la idea del largo viaje y deja claro, que sería la última carta, al menos por un determinado tiempo. También escribió ese mismo día otra carta a su amigo el patriota dominicano Federico Henríquez y Carvajal, la que quizás pueda ser en la que exprese su predicción final: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre”, una idea de sacrificio continuo y sin cuartel. Más adelante deja claro cuáles son sus pensamientos futuros: “Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora”. ¿Es hora para qué? ¿Acaso para morir? De ser así, podemos afirmar que ya para marzo 25 de 1895, Martí caminaba por la ciertísima claridad de que sus días terrenales estaban contados.

Martí lo previó todo, incluso sus escritos, su legado patriótico, y para ello designó a los jóvenes patriotas Gonzalo de Quesada y Aróstegui y a Benjamín Guerra. Ellos serían los responsables de dejar para la posteridad esa vasta obra, incluso, les entregó un documento contentivo de la manera en que debían organizarse los documentos, las cartas, el contenido de cada tomo, en fin, todo.


El 1ro. de abril escribe la más pequeña de sus cartas dirigida a José Francisco, su hijo más
Martí y José Francisco
pequeño, con el cual había tenido muy poca relación, aunque era su “Ismaelillo”, y por eso le increpa en la carta:
“salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado”  y en otro momento, ya condenados a la separación definitiva, solo atina a declarar: “Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adios. Sé justo”. No temía a la muerte y solo le dejaba el consejo oportuno y la leontina, lo único que le pertenecía.


Se cuenta que una vez cumplidos todos los compromisos testamentarios, por medio de una cargada actividad epistolar, José Martí se embarca hacia Cuba, llegando el 11 de abril de 1895, por un pequeñísimo punto en la geografía oriental, las Playitas de Cajobabo. Desde allí comienza el travesía por las serranías orientales hasta que llega al campamento de Dos Ríos, donde el 18 de mayo de 1895, escribe su carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado. Una misiva sensilla y declaratoria final con palabras enrojecidas al fuego, explica que se encuentra casi gozoso alestar todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber”. 


En ella señala el peligro de una intervención constante de los EE UU en los asuntos de nuestra América, a la vez que señalaba el futuro del subcontinente, expresando que de lo que se trataba era de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.


Tal como avizoró el Apóstol, la historia ha confirmado paso a paso su profesía, resultado del estudio y el conocimiento profundo de esa nación y sus objetivos como naciente imperialismo que aún hoy mantiene los mismos objetivos de “caer con esa fuerza más sobre las tierras de América”.


Cada 19 de mayo la fecha nos convoca a reflexionar, a revisar las infinitas imágenes que los artistas han concebido a Martí, pero en esta ocasión nos hemos detenido en las muchas maneras en las que nuestro Héroe Nacional avizoró su muerte y vislumbró el futuro desde su presente. Ese es el Martí que está en nosotros, el que estuvo en Fidel y en la Generación del Centenario que lo declaró “Autor intelectual del Asalto al Moncada”, el Martí de carne y hueso, que sufrió los grilletes, amó a las mujeres y a sus hijos intensamente, el que nos dejó un legado y una ética sólida para ser más patriotas y mejores cubanos.

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