miércoles, septiembre 11, 2019

Lo que nunca será derrotado


Por Sergio I. Rivero Carrasco

El vil golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 fue una acción militar llevada a cabo por los círculos dominantes de las Fuerzas Armadas chilenas, de la Marina, la Fuerza Aérea y el Ejército, en conjunto con Carabineros, para derrocar al gobierno de la Unidad Popular que encabezaba el presidente Salvador Allende; un gobierno democrático-popular, fruto de una asociación política integrada por comunistas, socialistas, radicales, MAPU, PADENA y Acción Popular Independiente, que lo proclama su candidato el 22 de enero de 1970, y triunfa el 4 de septiembre en los comicios de ese año. 


Es un gobierno  muy bien acogido por el pueblo que en unos mil días de existencia transformó para bien el espíritu optimista y participativo de los chilenos, con la adopción de medidas muy revolucionarias a su favor como la Nacionalización de más de 30 corporaciones, la promesa de una educación y salud gratuitas, pero muy mal mirado por la Oligarquía nacional que vio amenazados sus intereses y el gobierno yanqui encabezado por Richard Nixon.
 
Por las razones antes mencionadas existía la posibilidad de ser objeto de un golpe de estado, asomado mucho antes en el marco de la denominada “Guerra Fría”. Ya se vislumbraban acciones de conspiración que incluyeron medidas para la desestabilización del gobierno, campañas comunicacionales, la polarización del país, la promoción de la violencia civil, sabotajes; el imperialismo y la derecha agudizan una lucha sin cuartel contra el gobierno de la Unidad Popular y desencadenan el terrorismo en el país. 

La polarización se hizo cada vez más evidente y en ocasiones solapada, al punto de manifestarse ciertas actitudes ingenuas como cuando en los comienzos del golpazo del 11 de septiembre, el Presidente Allende no podía imaginarse todavía para ese momento que su “amigo” Pinochet era el traidor de turno en este diabólico pasaje de la historia chilena; el que conspiró y disparó con tanques, aviones y bestias asesinas de uniforme sobre La Moneda.

Allende, al comprender lo que realmente sucedía, con la claridad visionaria que acompaña siempre a los grandes hombres hasta el último aliento, también le permitió adelantarse a su tiempo, avizorar el horizonte político futuro de Latinoamérica y asegurar en su mensaje al pueblo desde el Palacio de la Moneda en llamas: “Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Allende vilmente asesinado, lo cual desmiente la
posibilidad de un suicidio
Fue asesinado el Presidente Allende y derrotado el gobierno que en mil días había revolucionado de una manera pacífica el país, que transformaba progresivamente las bases sobre las que debía cimentarse un nuevo régimen de producción y una nueva entidad socio-política, que era aclamado por el pueblo trabajador a despecho de la alta burguesía, más interesada en el capital que en los cambios. El gobierno revolucionario de la Unidad Popular se fue a pique por el sedicioso golpe de estado bajo el amparo de la Casa Blanca, práctica que han identificado a todos los siniestros procesos similares en Latinoamérica.

Con su muerte y la disolución del gobierno de la Unidad Popular, se quebraba uno de los sueños más hermosos de la América Latina del siglo XX. El Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 estimula el asalto neoliberal al país, declara el Estado de Sitio en todo Chile, lo cual significó la sustracción de la justicia y el traspaso a jurisdicción militar de tiempo de guerra creando un ambiente de terror  con detenciones arbitrarias, ejecuciones sin previo aviso, desapariciones, muertos en falsos enfrentamientos, con una masa de jóvenes desaparecidos aún en nuestros días.


Chile también dio una lección a los pueblos. A pesar de la problemática por las que atraviesa Latinoamérica hoy, no se podrá opacar el ejemplo y aspiraciones de los pueblos a luchar por un mundo mejor en el que sean respetados el derecho a la vida, la educación, la cultura, la salud y el deporte como sucede en Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y también se propuso el gobierno de la Unidad Popular en Chile. El legado de optimismo, decisión de lucha y fe en el futuro enarbolados por el Presidente Allende en su última alocución al pueblo, nunca serán derrotados.


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