viernes, julio 05, 2019

Para salvar nuestro planeta


Por Sergio I. Rivero Carrasco

Al concluir la jornada dominical de este verano en Playa Bibijagua y otras del litoral norte de la Isla, las áreas quedaron con los desperdicios de alimentos, bolsas y, envases de plástico, latas y un sinnúmero de  materiales que fueron a parar al mar o a “adornar” las plantas de la orilla, perjudicando la salud de las especies marinas y humana. Esa imagen se percibe día tras día y reclama de las instituciones y  la población  poner en práctica las medidas previstas en la Tarea Vida, Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático, aprobado desde el 2017 por el Consejo de Ministros con el objetivo de priorizar  la preservación de la vida de las personas y la fauna, la soberanía alimentaria y el desarrollo turístico.


Motivadas por las situaciones anteriormente expuestas, que se suceden en el  territorio, el país y el mundo,  diferentes organizaciones de la sociedad civil en el Orbe, celebran cada  3 de junio el Día Mundial sin Bolsas de Plástico, con el propósito de concientizar a los gobiernos y a la población del planeta acerca de la necesidad de desechar el plástico como envase y medio de transportación y embalaje de alimentos y equipos, precisamente por su carácter nocivo para el medio ambiente una vez concluida su vida útil y ser desechados en áreas públicas y playas mediante las cuales llegan a provocar grandes contaminaciones en los océanos.

Muchos estudiosos han informado que una bolsa de plástico tarda 100 años en degradarse, otros sostienen que son 400 años. Diversos cálculos indican hemos utilizado incontables de estos materiales cuya vida promedio es de 15 minutos, pero que representan enormes perjuicios a los ecosistemas, la biodiversidad y la salud humana y animal. Algunos calculan que globalmente cada año se manipulan 500 billones de bolsas de plástico, la mitad de las cuales se utilizan una sola vez. Muchos coinciden en que en la última década se ha producido más plástico que en todo el siglo pasado. Un ejemplo de esos daños están visibles en la famosa “Isla de Plástico o de la Basura”, localizada en el centro del océano Pacífico Norte. 

La problemática universal es muy peligrosa ya que  las estadísticas apuntan a que cada año, el mundo usa 500 mil millones de bolsas de plástico, al menos  8 millones de toneladas terminan en los océanos, el equivalente a la descarga de un camión de basura cada minuto. Se precisa que  el 50% del plástico que usamos es de un solo uso o desechable, también que compramos 1 millón de botellas de plástico por minuto y este material constituye el 10% de todos los residuos que generamos.

Por todos es conocida la gran utilidad de estos objetos para el transporte de pequeñas mercancías, principalmente alimentos, pero  la disposición sin control del enorme volumen de bolsas plásticas en suelos y aguas y su lenta degradación plantean con urgencia que gobiernos locales y nacionales normen su utilización masiva y adopten medidas para su recolección una vez utilizadas con el objetivo de evitar que vayan a parar a basureros, ríos y mares contaminando el entorno, por el enorme el volumen de estos materiales dañinos para los ecosistemas, la biodiversidad y la salud humana y animal.

Nuestro país apuesta por un Medio Ambiente libre de contaminaciones, pero aún quedan
pr4oblemáticas por resolver para lograr ese objetivo. En la Isla de la Juventud el cambio climático tiene manifestaciones como el incremento de la temperatura media, el corrimiento del cambio de las estaciones y una mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos como las sequías, fuertes lluvias, amenaza de huracanes y la intrusión salina. Asentamientos poblacionales como Cocodrilo y  Playa Bibijagua, entre otros, afectan su calidad de vida dañando además cientos de hectáreas de tierra cultivables con un alto PH además de los afluentes de agua dulce como el Río Las Casas.

Y nosotros, ¿cómo podemos contribuir con la celebración de esta jornada? Pues muy sencillo, manteniendo el cuidado del medio ambiente, el cual no debe quedar únicamente en manos de los gobiernos y las grandes corporaciones, sino que todos nosotros, con pequeñas acciones desde nuestras viviendas, centros recreativos, laborales, educacionales y el barrio, podemos reflexionar acerca de los problemas que causamos en el escenario natural y proponer soluciones de actuación a pequeña escala, que sumadas hacen mucho. Esa es la invitación, para cuidar el planeta, que es de todos.
 

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